domingo, 17 de junio de 2012

El oficinista cansado (relato)




Metro de una gran ciudad. Siete de la tarde. Caras cansadas. Olor a humanidad. Llega el oficinista cansado. Pantalón arrugado tras ocho horas dándole al ordenador. Zapatos de faena llenos de polvo debido a sus propias pisadas. Corbata en el bolsillo. Camisa azul eléctrico prácticamente fuera del pantalón. Chaqueta gris. Cara alargada y gafas de esas que hacen los ojos más pequeños. Palidez. Pelo despeinado. Se sienta con la bolsa termo al lado. Mira a todo el mundo de una forma distinta. Nos analiza con su microscopio mental. Se interesa por las conversaciones ajenas. Respira las últimas dosis de oxígeno, de vida, de realidad. Pronto volverá a su casa. Cena congelada. Soledad. Mañana otro episodio más de una vida que está deseando que se acabe.

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